La selección nacional ha logrado coronarse campeona del mundo, desatando celebraciones masivas en varias ciudades españolas. En Madrid, el Movistar Arena se convirtió en el epicentro de la euforia, con 15.000 personas congregadas para seguir la final. Este evento marcó un momento histórico, con cánticos de «Viva España, somos campeones» resonando por todo el recinto.
La victoria se gestó tras una prórroga que rompió un empate, culminando 30 minutos decisivos de intenso juego. Aunque el partido se disputó en Estados Unidos, la emoción se trasladó al corazón de Madrid, donde el Consistorio instaló pantallas gigantes. La del Movistar Arena fue la más grande, y las entradas se agotaron en cuestión de minutos, transformando el pabellón en una marea de camisetas rojas que apoyaron al equipo desde el inicio hasta el pitido final.
Celebraciones en la capital y más allá
El ambiente en el Movistar Arena fue de una locura colectiva sin precedentes. Jóvenes, parejas con sus hijos y veteranos se unieron en un festejo que incluyó cánticos, lágrimas y abrazos. Un grupo de 11 amigos, liderado por Alejandro y Hugo, de 18 años, vivieron este triunfo como un momento generacional, siendo testigos de una hazaña que sus recuerdos conscientes de éxitos anteriores no alcanzaban a capturar. Parejas como Alberto y Yaiza, junto a su hija de tres años, buscaban crear un recuerdo inolvidable, mientras que Jesús y Pilar, de 60 años, trasladaron su salón al recinto para compartir la experiencia con toda su familia.
La capital también mostró su multiculturalidad, con aficionados como Juanma, un cubano residente en Madrid, quien, a pesar de sus lazos familiares con Argentina, no quiso perderse la fiesta, describiéndola como una «rivalidad hermosa». La tensión se mantuvo durante todo el partido, y las gargantas madrileñas no cesaron de animar. Aficionadas como Marina y Alejandra, que en el anterior éxito mundialista tuvieron que vivirlo de guardia en el hospital, lideraron los cánticos y celebraron la gloria.

Euforia en Cataluña
La alegría por la victoria de la selección nacional se extendió también a Cataluña, donde miles de aficionados salieron a las calles para celebrar. En Barcelona, el Parc del Fòrum fue el punto central de la celebración, con unas 30.000 personas siguiendo la final en una pantalla gigante. La explosión de júbilo tras el gol de Ferran Torres marcó el inicio de una fiesta que se prolongó durante horas, con cánticos, bengalas y bocinazos resonando por la ciudad.
Las banderas españolas dominaron el paisaje urbano de la capital catalana, ondeando en el Fòrum, en vehículos y en balcones. Esta imagen, poco común hace una década durante los años álgidos del ‘procés’, ahora se vive con una creciente naturalidad, reflejando una desinflamación del conflicto político. Las celebraciones deportivas se han convertido en un espacio donde la exhibición de símbolos nacionales genera menos controversia, uniendo a aficionados de diversos perfiles bajo un mismo estandarte.

La celebración no se limitó a Barcelona. En la localidad natal de Cucurella, Alella, y en Mataró, de donde es originario Lamine Yamal, también se vivieron muestras de júbilo. En Mataró, unas 10.000 personas se congregaron ante la pantalla gigante instalada en el Parc Central. El Ayuntamiento de Mataró confirmó que este número completó el aforo del evento y destacó que el futbolista Yamal luce una diadema con ‘Rocafonda’, el nombre de su barrio natal. Antes del partido, muchos aficionados visitaron el mural cercano a Rocafonda que representa a Yamal con el uniforme del FC Barcelona.
Las celebraciones en Madrid y Cataluña subrayan el impacto unificador del éxito deportivo, reuniendo a comunidades en un festejo compartido por la victoria de la selección.
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Source: elmundo.es