El MetLife Stadium de Nueva Jersey fue el escenario de un notable encuentro diplomático durante la final del Mundial de Fútbol 2026 entre España y Argentina. En el palco de honor, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, se saludaron, marcando un momento de aparente armonía a pesar de las tensiones previas entre ambos líderes.
Este saludo se produjo en un contexto de críticas previas de Trump hacia España, especialmente en relación con el gasto en Defensa y la postura del país ante conflictos internacionales. Trump había expresado su descontento con el compromiso presupuestario de España con la OTAN y su negativa a apoyar una intervención militar contra Irán. Incluso llegó a calificar a España como una «causa perdida» y amenazó con cortar el comercio.
Un acercamiento en el palco
Las imágenes captadas en el estadio mostraron a Trump estrechando la mano de Sánchez, del Rey Felipe VI y de la Reina Letizia. Este intercambio de saludos y breves palabras tuvo lugar antes de que ocuparan sus asientos, con Trump acompañado por su esposa, Melania Trump, y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Por su parte, Sánchez estuvo junto a los Reyes y el presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Rafael Louzán.
El palco también contó con la presencia de otros líderes de los países anfitriones del Mundial 2026, como la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y el primer ministro canadiense, Mark Carney. Este tipo de eventos deportivos, como los Mundiales, a menudo sirven como puentes diplomáticos, facilitando acercamientos y reuniones que la diplomacia formal podría encontrar difíciles.
Antes del partido, Pedro Sánchez había adelantado que felicitaría a Trump por los 250 años de independencia de Estados Unidos y por el «éxito» del Mundial. Expresó su confianza en que, más allá de las discrepancias de los últimos meses, la final sería «uno de esos días en que el deporte une». Sánchez también destacó que este era un «día histórico» que todos los españoles recordarían, refiriéndose a la final soñada entre España y Argentina.

El papel del deporte en la diplomacia
La FIFA ha reconocido desde hace décadas el valor político de sus competiciones. Para muchos, especialmente en Estados Unidos, los partidos son a menudo una excusa, y lo verdaderamente importante ocurre en los pasillos y durante los intermedios. El palco principal de un Mundial se convierte en un espacio político exclusivo, una oportunidad única para el acercamiento entre líderes.
La imagen que perdurará de este evento es la de rivales políticos compartiendo un momento de tensión deportiva. Se observó a Carney bromeando con Trump, a pesar de las ofensas previas hacia su país, y a Pedro Sánchez, relajado, estrechando la mano de quien días antes había criticado duramente a España. La Reina Letizia también intercambió palabras con Infantino.
El presidente español, Pedro Sánchez, había manifestado su entusiasmo por la final, declarando que «las finales no se juegan, se ganan», citando a Luis Aragonés, y deseando que «el mejor sea sin duda España». También afirmó que España es admirada por defender sus valores y principios.
La última vez que Trump y Sánchez coincidieron fue en la cumbre de la OTAN en Ankara a principios de julio, donde las tensiones fueron evidentes. Sin embargo, en el MetLife Stadium, el ambiente fue diferente, con un enfoque en la unidad que el deporte puede generar.
El evento fue diseñado para el agrado del líder estadounidense, con artistas y canciones en inglés, y elogios al torneo, la asistencia a los estadios y la ausencia de incidentes mayores. Tom Cruise, siguiendo un guion, habló de la unidad y la grandeza del fútbol antes del inicio del partido, buscando reconstruir puentes diplomáticos. Trump, por su parte, evitó tomar partido en la final, afirmando que «no elegiré bandos» y reconociendo la dificultad de apostar en contra de Messi.
En el palco principal, Trump estuvo acompañado por su familia y la del secretario de Estado, Marco Rubio. Por parte española, aunque dispersos por el estadio, estuvieron presentes el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, y el vicepresidente Carlos Cuerpo. Este encuentro en el MetLife Stadium se da en un contexto donde, según una fuente, Trump había dado órdenes en Turquía a principios de mes para que nadie recibiera a un alto cargo español.
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Source: elmundo.es